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“Nueva” Rumasa, otra vez…

Han pasado casi 30 años desde que el grupo empresarial Rumasa (siglas de Ruiz Mateos Sociedad Anónima) fuese expropiado por el Gobierno español entonces presidido por un jovencísimo Felipe González. Este fue un hecho muy significativo para una democracia demasiado joven y demasiado inestable en esos momentos que supo corregir una situación muy delicada para la economía española dado que se trataba, ni más ni menos, que de un grupo de más de 700 empresas que englobaban a más de 60.000 trabajadores.

El Decreto de Expropiación forzosa (Decreto-Ley 2/1983) fue un golpe de efecto del ejecutivo español que vio como Europa lo recompensaba exteriormente mientras que la oposición y el empresario expropiado lo criticaban interiormente.

Resulta, pues, increíblemente curioso que este proceso esté volviendo a repetirse, aunque con varias décadas de por medio. El grupo empresarial Nueva Rumasa, la resurrección del imperio anterior, vuelve a hundirse y, como pasara tiempo atrás, el espectáculo mediático no tardará en empezar.

Lo dramático de esta noticia no es el simple hecho de que una empresa quiebre (triste suceso tan común en nuestros días), sino el drama humano que se presenta tras la caída con numerosos despidos así como inversiones de pequeños ahorradores en grave riesgo de ser totalmente perdidas. Tal incertidumbre nunca es bien acogida por los mercados y mucho menos por las poblaciones que dependen del grupo empresarial, en ocasiones regiones enteras, que ven peligrar no sólo su presente sino también su futuro.

Los principales medios de comunicación españoles, al tener conocimiento de los primeros movimientos del grupo que vaticinaban su debacle, acogieron con asombro la noticia dado que hasta ellos se sorprendieron de que la historia volviese a repetirse; aunque los tremendos sucesos de la guerra civil libia y el terremoto y posterior desastre en Japón han eclipsado la noticia a pesar de todo el entramado que todavía nos falta por conocer.

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