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La consideración de los ancianos ayer y hoy

La sociedad ya no es la que era, eso es algo evidente. Los valores han cambiado y con ellos la visión del mundo, de nuestro país, de nuestro entorno más próximo. Uno de los valores más importantes que se han transmitido a lo largo de los siglos, desde la antigüedad más remota, incluso desde la prehistoria, ha sido el total y absoluto respeto hacia los mayores, hacia los ancianos. De hecho, no se trataba simplemente de un respeto si más bien de una veneración, de una jerarquía aceptada y reconocida por todos en la que las personas más ancianas de cada comunidad eran tenida en gran consideración formando, en muchos casos los conocidos “consejos de ancianos”.

Estos consejos eran, a veces, los máximos órganos de poder de la aldea, pueblo o comunidad y sobre ellos recaía la responsabilidad de tomar las decisiones de gran relevancia y que afectarían al grueso de la población, tales decisiones iban desde declarar la guerra y firmar la paz, hasta decidir en qué lugares era más aconsejable buscar alimento o la implantación de las normas de comercio de una ciudad.

Sin embargo, todo este valor, todo este respeto y veneración de nuestros mayores se ha perdido, se ha diluido en el mar del tiempo o, al menos, eso parece. Realmente el tiempo no ha tenido tanta culpa como nosotros mismos, especialmente en el transcurso del último siglo, desde inicios del siglo XX hasta inicios del XXI en el que nos encontramos. Todo esto se debe a una pérdida progresiva de valores impuesta por una sociedad y un ritmo de vida en el que el trabajo se ha convertido en la piedra angular de la economía y, por tanto, de la sociedad. Los nuevos medios de producción implantados y mejorados progresivamente desde la Revolución Industrial nos han obligado a llevar otro tipo de vida durante nuestra “vida útil”, es decir, la sabiduría ya no es necesaria, basta con saber adaptarse al puesto que se nos asigna el la fábrica o el campo, o en el mar,… por tanto, ya no es necesario aventurarse a zonas desconocidas en buscad e alimento, ni proteger nuestras ciudades del comercio de las ciudades vecinas, no, y, por tanto, la sabiduría, proveniente de la experiencia que nos da los años cayó en desuso.

Sin embargo, tanto modernidad es un arma de doble filo dado que se trata de elementos que no podemos controlar y que, en muchas ocasiones, escapan a nuestro control y es entonces cuando volvemos a las raíces, cuando volvemos nuestra mirada atrás y recordamos que existe un nutrido grupo poblacional con la suficiente experiencia y sabiduría para sacarnos del apuro, pero para esto ha sido previamente necesario que nos veamos atrapados por nuestra falta de experiencia en el juego de la vida.

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