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Estereotipos

Imagen, imagen, imagen. Esta es una de las cuestiones principales de nuestra vida diaria y en la tercera edad no iba a ser una excepción. Hoy en día en todos los aspectos que nos podamos imaginar se nos enseña una imagen de la realidad que, en muchas ocasiones dista mucho de ser cierta o, al menos, se aparta bastante de la realidad.

Cada vez que vemos un anuncio en televisión en el que aparecen personas mayores la imagen que se nos muestra es de personas llenas de vitalidad, casi compitiendo con los más jóvenes. Corriendo por la playa, montados en bici o recorriendo placidamente la tranquila orilla del estanque del parque más bello que las nuevas tecnologías pueden mostrar. Sin embargo, en el otro lado de la monedad encontramos una imagen muy distinta de las personas mayores. Cuando se intenta mostrar los efectos de la edad, o cuando se pretende hablar de una región deprimida, ya sea un pueblo de escasos habitantes o zonas rurales donde la densidad de población es muy baja, la imagen que se ofrece de nuestros mayores es muy diferente, en estos casos se nos muestra a personas con numerosísimos achaques, con rostros muy maltratados por la edad y llenos de arrugas y, a ser posible, es decir, si lo encuentran, y si no lo cogen de otra parte, siempre muestran a un señor mayor con boina o similar sentado en una silla de mimbre o anea apoyando sus manos y cabeza sobre un viejo bastón artesanal.

Se trata pues de los estereotipos que nos quieren hacer llegar. Por tanto, ni todos nuestros mayores corren todos los días 10 kilómetros por la playa, ni todos son “viejecitos achacosos” sentados en sillas de mimbre viendo pasar lentamente el tiempo.

Esto nos debe hacer reflexionar de hasta dónde se muestra verdaderamente la realidad y, sobre todo, hasta dónde llega la ética profesional de algunos medios al usar imágenes, al mostrar rostros según sus intereses.

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