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El Aprendiz

El lunes LaSexta se puso de gala para estrenar su mayor apuesta de la temporada, también la única. “El Aprendiz” llegaba a España de la mano de Luis Bassat y avalado por el gran éxito internacional, éxito que, sin embargo, no ha conseguido captar en nuestro país pese a la promoción de la cadena verde, que incluso llego a poner su primera mosca continua publicitaria en forma de cuenta atrás para el esperado estreno.

Yendo directamente a lo que es el formato, “El Aprendiz” constituye un tipo de reality muy diferente a lo que hemos visto en nestro país hasta el momento. Es un reality a lo grande, pero sin caer en el morbo, la convivencia o en la renuncia a los objetivos por el ritmo o la rapidez. La nueva apuesta de LaSexta y Grundy es un programa no demasiado largo, e incluso corto, algo imposible en nuestra televisión hoy en día, con un ritmo pausado y en la que la mirada principal se dirige única y exclusivamente a buscar ese tal aprendiz, sin dejarse llevar por la conviviencia u otras cosas como peleas que solo buscan el morbo y la audiencia por qué sí.

Luis Bassat cumple su papel pero, al menos en este primer programa, no consigue acercarse al público o entrar directamente en la dinámica de reality. Es decir, vemos al empresario como un mero testigo de lo que está ocurriendo y que no aporta lo que tendría que aportar, no contribuye al programa con su experiencia de éxito, o al menos en el fragmento que ve el público.

Yo echo de menos algo más de crítica, de analizar los problemas que han ocurrido y por qué ha fallado lo que ha fallado. Es definitiva, yo echo de menos que se imponga la búsqueda del mejor aprendiz y no conformarse con gente que comete continuamente fallos.

Así, con alguna prueba más y un análisis más preciso echando de mano gráficos con esa voz en off ayudarían a situar al espectador en cada momento, ya que este se encuentra muchas veces perdido en mitad del programa sin saber qué grupo lo está haciendo peor y por qué.

Por último, cabría señalar que esas continuas pausas a modo de espera con la secretaria, cuya función es repetir la misma frase quinientas veces a lo largo de toda la emisión, no ayudan a dotar de ritmo y agilidad a un programa que, en una noche tan complicada, necesita enganchar al espectador a cada segundo.

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