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Catalina La Grande, zarina de Rusia

Sofía Augusta, o como fue conocida, Catalina La Grande,  fue emperatriz de Rusia desde 1762 a 1796. La princesa de la dinastía Anhalt-Zerbst, viajó a Rusia en 1745 para ser desposada con el Duque Pedro, nieto de Pedro el Grande, que se convirtió en zar de Rusia y fue conocido como Pedro III.

El zar odiaba la cultura y tradiciones Rusas, lo que le provocó no pocos enemigos, entre ellos la propia guarda imperial o la Iglesia. La relación con su esposa nunca funcióno, no solo por las diferencias de pensamiento de ambos cónyuges, sino por la imposibilidad de aportar hijos al matrimonio.

El matrimonio se rompió definitivamente cuando el zar fue obligado a abdicar, aparentemente por una conspiración urdida por el amante de Catalina, más tarde fue asesinado.

Tras la renuncia al trono por parte de su esposo, Catalina tomó las riendas del imperio, y gobernó de acuerdo al concepto político del despotismo ilustrado.

Catalina no ocultó diversas relaciones con hombres, aun así era respetada por otros gobernantes, incluso gozó de la deferencia y consejo  del mismísimo  Diderot.

Para ganarse la confianza de la nobleza la eximiío del servicio militar y reforzó su poder.  Por otro lado, inició algunas medidas liberalizadoras, como la de librar a la  Iglesia de muchos de sus bienes.

Se conocen, además, periodos de gran esplendor económico durante su reinado, motivado por las nuevas medidas adoptadas para el comercio, una mano de obra gratuita y una política inmigratoria eficaz, que trajo consigo la colonización agrícola.

La emperatriz tuvo tiempo para preocuparse de la educación, fundando escuelas,  y puso gran empeño en europeizar el pais, para ello  favoreció la penetración de las ideas ilustradas.

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