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-     Escrito por editorbfb

Arquitectura para la tercera edad

La arquitectura para la tercera edad debe pensarse como la prolongación de la vida en la casa propia, pasando por lo que llamamos vivienda protegidas o tutelares, hasta la institución geriátrica. En realidad, el recurso a las residencias debería ser empleado sólo cuando sea necesario, pues la mayoría de las personas mayores prefieren seguir viviendo en su casa. Todo este sistema debería estar inserto dentro de una ciudad habitable, provista de una red de servicios racionalmente aprovechados, dentro de un marco económico inteligente.

Desprenderse de la casa propia siempre es traumático. Las viviendas pueden ir adaptándose a los cambios que exige el envejecimiento para no convertir el hábitat en un entorno ortopédico innecesario. Cuando el anciano todavía puede vivir solo, tanto para él, como para el Estado, siempre es más económico la adaptación de su propio hábitat, que la institucionalización.

Las modificaciones de la casa propia, que contemplen diferentes aspectos de seguridad, movilidad y auto valía, reforzarán sin duda, la vitalidad, la dignidad y los sentimientos afirmativos de autoestima en el mayor. Se trata de evitarle el sufrimiento de desarraigo, y darle la oportunidad de la autosuficiencia. Como alternativa a una internación prematura surgen las viviendas tuteladas, en las que el entorno espacial protege al anciano: viviendas especialmente diseñadas como para recibir todo el equipamiento asistencial necesario, de forma tal que el anciano sienta que  está habitando su propia casa. Estas viviendas cuentan con un grupo de servicios que comprenden el mantenimiento y seguridad, abastecimiento, servicios paramédicos y espacios comunitarios para producir, mejorar y estimular la socialización.

Estas viviendas protegidas se han impuesto en otros países (Holanda, Dinamarca, Alemania, Canadá, Israel, etc.) como variables menos rígidas, de probado rendimiento y eficacia para el desarrollo de políticas de Estado en relación con la tercera edad. Debemos pensar en un modelo abierto, participativo y poner énfasis en el cuidado y protección del anciano.

Es función de los arquitectos devolverle al espacio habitable la dimensión de un campo humano para nuestros mayores. Una vivienda con obstáculos físicos o espirituales, una institución con barreras, una ciudad intransitable, aunque en escalas arquitectónicas diversas son formas análogas de exclusión.

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